La Madriguera del Conejo

Mi O´Cebreiro

Todos tendríamos que tener un O´ Cebreiro.

De hecho, la intención de cada día, tendría que ser esa y con la suma de ellos, lo que obtendríamos es la máxima realización en la vida.

Así encontré el mío…

Habíamos recorrido 585 kilómetros caminando, a lo largo de 27 días, nos levantamos muy temprano, desayunamos algo e iniciamos nuestro recorrido. Solo faltaban 6 días (200 km aproximadamente) para llegar a Santiago de Compostela.

Nos habían advertido que estos 26.6 km, era para muchos, uno de los tramos más difíciles del camino de Santiago. Lo que no sabia es que para mi sería, uno de los días más maravillosos de mi camino.

Después de los primeros 20km de caminar ese día, mis piernas estaban realmente agotadas, pero la plática, el paisaje, el ir con Polo (mi esposo), de alguna manera hacía que no me importara.

Iba conectada con todo, con la gente que nos pasaba y nos decía, “buen camino”, con las vacas que nos topábamos, con la señora que nos regalo la crepa más deliciosa que he probado.

Los últimos 4.7 km serían los más interesantes, todo era subida hasta llegar a O´CEBREIRO, Galicia.

Empecé a cantar, lo cual, para mí, ya era sinónimo de estar muy agotada, pero yo y el camino, ya éramos uno mismo y seguia subiendo, escuchando la plática, sintiendo el aire en mi cara.

A las 4:00pm aproximadamente fuimos entrando, justo en ese momento, empezaron a caer las primeras gotas, de lo que unas horas después sería una granizada que dejaría al lugar, entre las nubes.

Al llegar al albergue, nos asignaron la cama y nos dirigimos a tomar el esperado baño. Las regaderas solo tenían un botón que al presionar salía un chorro de agua durante 30 segundos y no tenían Puerta. Escuchaba a unas chicas quejarse, y a mí, nada me importaba, después de 27km, el chorro de agua caliente sobre mi cuerpo era lo más maravilloso del mundo.

Salimos a buscar algo de comer, el menú del peregrino, la mejor ternera del mundo, un caldo Gallego, pan caliente, una copa de vino, y por supuesto, la natilla. La música, la vista de las nubes abajo de nosotros, la compañía… en un punto me encontré conmovida hasta las lágrimas, agradecida con la vida, pero iba mucho más allá, era una sensación de estar conectada, de sentir que lo tenía todo y no me hacía falta nada.  Esto es a lo que yo le llamo mi O´Cebreiro.

A partir de ahí, en mi día a día, busco, en la cotidianeidad nuevamente mi O´Cebreiro, cuando me hago el desayuno más delicioso, cuando salgo a caminar y me encuentro con un conejo o un zorro, cuando me mis hijos me hacen reír a carcajadas, eso, que me hace sentir, profundamente agradecida, conmovida y sabiendo que lo tengo todo y no me hace falta nada.

¿Cuantas veces vas por la vida, sin conectar con nada, apresurada de alcanzar tu meta, sin sentir, sin experimentar lo que te sucede en cada momento?

¿Y como sería vivir cada día de tu vida, con tal intensidad, que al final, solo te quede agradecer por cada cosa que tienes, por cada experiencia de vida?

¿Cuál sería tu O´Cebreiro?

Abrazos

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